Desde que soy pequeña he tenido la suerte de tener unos padres viajeros, que siempre han disfrutado de descubrir sitios nuevos o de regresar a lugares de los que se enamoraron una vez y me han contagiado esas ganas de viajar.
Es difícil recordar todos los viajes que he hecho dentro de España, sobre todo aquellos en los que era demasiado pequeña para recordarlos. Sin embargo, recuerdo perfectamente cuando salí por primera vez del país, tenía 16 años y me iba de vacaciones la primera semana de Agosto a Italia, 9 días por delante para conocer el norte del país con forma de bota. La primera vez que montaba en avión, y lo hacía sola, puesto que era un viaje organizado por la Junta de Comunidades de mi tierra. Mi avión aterrizaba en Milán y regresaba a España desde el mismo sitio. Recuerdo los nervios de estar en el punto de información de Barajas, donde nos reuniríamos todo el grupo. Recuerdo sentarme en ese avión de la compañía AirItalia y ese cosquilleo en el estómago con el despegue.
Fueron 9 días, y visité algunas de las ciudades más importantes del norte y este de Italia: Florencia, Venecia, Milán, Ravena, Rimini y para mi sorpresa otro país más, San Marino. No solo era la primera vez que salía de España, sino que además visitaba 2 países a la vez. Donde nos hospedábamos era muy cerca de Rimini, en una residencia de estudiantes justo a la orilla de la playa, con todo el mar Adriático bañándonos la piel. Éramos un grupo de 25 personas, con edades entre los 14 y los 17 y de distintos puntos de Castilla - La Mancha.
Sin lugar a duda, la ciudad que me robó el corazón (y que aún después de 10 años, lo sigue teniendo preso), fue Florencia. Francamente maravillosa, sencilla pero bella, inmensamente bella. He tenido ocasión de ver otras ciudades, pero nunca una que me gustase tanto como ella. Es por supuesto una opinión personal, pero aún no he conocido un lugar que haya conseguido igualar el sentimiento que sentí, cuando recorriendo una calle tranquila y estrecha descubrí el Duomo di Firenze. Me impactó de tal modo que todavía recuerdo aquella esquina desde la que visualicé su majestuosa catedral. De mármol blanco y verde, (un tipo de mármol que encontré también en cuidades italianas como Siena y Orvieto, años después), con una Cúpula de teja roja y un campanario con muchas escaleras por delante, desde el que se podía deslumbrar toda Florencia a mis pies.
No solo tengo en el recuerdo esa ciudad, Venecia también me regaló rincones preciosos como la Piazza San Marco o pequeños canales con una belleza superior a los más grandes y caudalosos, San Marino era pequeño y empinado y Rimini nos descubrió un divertido mercadillo callejero. Fueron 9 días en los que compartí una macro habitación con todas las chicas del viaje, en los que me bañé, me reí y jugué a las cartas en la arena. En ese tiempo, recibí cada día una carta de mi amigo invible que finalmente me regaló un peluche que aún conservo con nostalgia. Todos los días un plato de pasta de un modo diferente nos recibía para comer (o para cenar) y la canción del verano de ese momento sonaba a todas horas hasta que terminamos aprendiéndonosla. Visité un parte de atracciones llamado "Mirabilandia", que además tenía un parque acuático dentro, que aunque ahora hay muchos con esas características, para nosotros fue todo un lujo tener acceso a ambos sitios. Para mí todo era sorpresa y aventura, descubrir otro país entre juegos, risas y mucho calor.
Hace 10 años volaba por primera vez a Italia y hace 17 días volvía de vivir allí.... pero eso es otra historia que os contaré más adelante.
Un saludo viajeros :)
Es difícil recordar todos los viajes que he hecho dentro de España, sobre todo aquellos en los que era demasiado pequeña para recordarlos. Sin embargo, recuerdo perfectamente cuando salí por primera vez del país, tenía 16 años y me iba de vacaciones la primera semana de Agosto a Italia, 9 días por delante para conocer el norte del país con forma de bota. La primera vez que montaba en avión, y lo hacía sola, puesto que era un viaje organizado por la Junta de Comunidades de mi tierra. Mi avión aterrizaba en Milán y regresaba a España desde el mismo sitio. Recuerdo los nervios de estar en el punto de información de Barajas, donde nos reuniríamos todo el grupo. Recuerdo sentarme en ese avión de la compañía AirItalia y ese cosquilleo en el estómago con el despegue.
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| Ponte Vecchio de Florencia (Irene Roncero) |
Sin lugar a duda, la ciudad que me robó el corazón (y que aún después de 10 años, lo sigue teniendo preso), fue Florencia. Francamente maravillosa, sencilla pero bella, inmensamente bella. He tenido ocasión de ver otras ciudades, pero nunca una que me gustase tanto como ella. Es por supuesto una opinión personal, pero aún no he conocido un lugar que haya conseguido igualar el sentimiento que sentí, cuando recorriendo una calle tranquila y estrecha descubrí el Duomo di Firenze. Me impactó de tal modo que todavía recuerdo aquella esquina desde la que visualicé su majestuosa catedral. De mármol blanco y verde, (un tipo de mármol que encontré también en cuidades italianas como Siena y Orvieto, años después), con una Cúpula de teja roja y un campanario con muchas escaleras por delante, desde el que se podía deslumbrar toda Florencia a mis pies.
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| Piazza San Marco de Venecia (Irene Roncero) |
Hace 10 años volaba por primera vez a Italia y hace 17 días volvía de vivir allí.... pero eso es otra historia que os contaré más adelante.
Un saludo viajeros :)



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