Lugo: Un reencuentro más que deseado

Qué abandonado tengo esto! Debería viajar más para tener muchas cosas que contar. Pero he tenido viajes!!! aunque no mucho tiempo para contaroslo... Pero ahí va🌝

Este verano tuve el lujo, (y sí, digo lujo porque no os imagináis lo maravilloso que fue) de viajar a Lugo. Más concretamente a Foz, un pueblecito en la costa con unas playas encantadoras con mareas que crecían y desaparecían dependiendo de la hora del día.

El viaje comenzó subiéndome a un tren a las 9 de la mañana con destino Madrid. Allí tendría 2 horas de descanso que pude compartir con mi querida Belén, quién siempre me espera con una sonrisa y un gran abrazo (gracias por tanto querida). A las 13,00h me despedía de Belén y de Chamartín rumbo a Lugo. Por delante, 5 horas de tren intensas y cansadas pero que no podía tener mejor acompañante. Solo 30 minutos después de salir de la capital, se subía en ese mismo tren y justo a mi lado, Ana. Mi Ana, Ana  Segovia para mis amigos aunque para mí es mi pequeña princesa.

Día de playa
Juntas encaminamos las varias horas de viaje entre risas, anécdotas y alguna que otra cabezadita de sueño. A nuestra llegada a Lugo, esperabamos con ganas a Diego. Desde que abandoné Perugia en Febrero de 2014 no había vuelto a verlo. Estaba más delgado pero era él. El que nunca calla, el que todo lo controla, el que con un abrazo cura todos los males del mundo y el que teniendo ventitantos años (es un secreto) tiene costumbres similares a las de mi abuela (jaja!).

Los tres juntos marchamos camino de Foz, en un coche por el que sufrí levemente por mi integridad física. En ese dia por delante, mucho que contar y mucho mucho que recordar. Al día siguiente, playa, sol y cerveza fría... ah! que maravilloso era ese momento, ese dulce momento en el que descubres que pese a los meses e  incluso algún año que ha pasado, nada ha cambiado.

Javi, Ana, una servidora y Diego
El día 30 cogimos de nuevo el coche con destino Ribadeo, a la Playa de las Catedrales, donde pudimos disfrutar de un día lleno de sol y unas vistas espectaculares, aunque sabíamos que lo mejor estaba por llegar. Tras un día de playa, relax, algún baño algo fresquito y muchas risas, poníamos rumbo a recoger al cuarto personaje que faltaba por llegar. Javi, que venía desde Italia de pasar unos dias y con retraso en su vuelo, por fin se reunía con nosotros. El pequeño del grupo, al que llevaba año y medio sin ver.

Creo que esa noche, no pude ser más feliz. Tenía a mis amigos ahí, conmigo, y todo era como siempre, solo risas, bromas y una sonrisa de oreja a oreja, saboreando cada minuto. Días de playas y por la noche una rica mariscada gallega y unas copas en la mejor compañia. Resultado? Meternos en la cama cuando salía el sol pero habia merecido la pena.

Cuando llegó el momento de volver, Ana y yo nos metíamos de nuevo en ese tren que nos alejaba de Lugo, de la playa, del marisco y sobre todo de ellos. De esos que nos habían vuelto a robar el corazón durante 5 días. Y cuando Ana me abandonó en Segovia, fue cuando me realmente me di cuenta que todo había terminado... Solo quedaba volver a contrar los días para verlos de nuevo.. y por suerte a mí princesa.... mañana la vuelvo a abrazar!!

Disculpad que me haya recreado tanto en este post pero ha sido casi tan fantástico recordarlo como vivirlo... Espero poder contaros más cositas pronto! Gracias por leerme :)
Pese a la sonrisa, las ganas de despedirme no existían



Segovia: Deseando volver

Tengo mono de viajar, de volar, de soñar. Echo de menos las esperas, los nervios, las prisas, los horarios, las maletas y aunque algunos se sorprendan, echo de menos el cansancio que provoca viajar. Hace casi cerca de 6 meses que no viajo y comienzo a necesitarlo. Buscando en mi cajón de recuerdos, caí en la cuenta de que no había mencionado todavía uno de los viajes que más ansiaba realizar. Digamos que más allá de la cultura arquitectónica del lugar o su gastronomía típica, el entusiasmo por viajar a Segovia estaba en que allí se encuentran 2 de las mejores cosas que obtuve de mi vida en Italia.

Tanto Ana como Laura fueron dos de mis compañeras de aventuras, con las que conviví en Perugia durante nuestra etapa erasmus y pasaron a formar parte de mi vida con una fuerza arrolladora. Tras volver de allí, cada una regresó a su ciudad y creo que en este punto he de decir que no siempre se cumplen los dichos, o al menos no ese que dice "la distancia hace el olvido".

En la parte alta del Acueducto
En Junio de 2014, tras acabar mis exámenes y ser libre de algún modo, cargué mi maleta de ganas e ilusión para coger rumbo a Segovia, una ciudad que me sorprendió en muchos aspectos. El primer trayecto de tren era hasta Madrid, donde la estación de Chamartín me acogía con menos de 15 min entre tren y tren, lo que suponía una sensación de estrés y nervios por miedo a perder el segundo tren que me llevaría hasta Segovia (no sería la primera vez que por retraso, pierdo un segundo transporte). Sin demasiados contratiempos y con un hambre atroz, llegaba a Segovia, con su flamante estación nueva para el AVE. Tengo que hacer un algo en el camino para avisar, que si váis a Segovia en AVE, la estación está a varios kilómetros de la ciudad, no os peguéis el susto al llegar.

Tuve la suerte de que Ana viniese a recogerme junto a su madre (aprovecho para mandarte un beso grande Belén). Ana vive en una parte de Segovia que ciertamente me pareció no solo acogedora si no también encantadora. Era como una especie de pueblecillo de calles bonitas y casas no demasiado altas, nada que ver con Albacete, en la que todas las calles parecen iguales. Recuerdo que vivía al otro lado del Acueducto, como hacia la parte de abajo de Segovia, o así me lo imaginaba yo, porque para ir al centro debíamos subir y para volver a casa, íbamos cuesta abajo.


El Alcázar de Segovia desde la Fuencisla.
El Acueducto es cosa aparte, en ningún momento (o al menos a mí me pasó) esperaba algo tan majestuoso y grande en un sitio tan pequeño, era como decir "no puede ser". Ana me contó varias leyendas urbanas sobre el Acueducto, una de ellas, sobre la virgen y el demonio y un hueco que hay en mitad de la construcción. Supongo que el Acueducto es lo que marca la zona más céntrica de Segovia, todo peatonal y con calles con muchísimo encanto. Calles pequeñas, con más de una cuesta y bares escondidos en el lugar más insospechado.

Me encantó perderme por esas calles que llevaban hasta el Alcázar (aunque debido al calor me quemase los hombros jaja) y disfrutar de las vistas que el lugar nos regalaba. Junto a Laura y Ana dimos un largo paseo hasta terminar tumbadas en una espesa manta de césped a los pies del Alcázar en la Fuencisla, que pese a que nos costó llegar, la tarde pareció detenerse mientras charlábamos y nos contábamos como había sido nuestra vuelta a España. Obviamente el cochinillo estuvo presente en la mesa durante uno de los mediodías y pese a que en un principio me dio cierta penita, al final me dejé seducir por el sabor.

Lo cierto es que fue un viaje corto pero muy intenso y pese a que ya han pasado 2 años, estoy deseando volver a tierras segovianas y disfrutar de nuevo de las mejores compañías. Nos vemos pronto :)

Roma: Un lugar para perderse

A lo largo de estos últimos años he tenido la oportunidad de viajar a Roma en varias ocasiones. En algunas de esas veces solamente era mi sitio de destino aereo pero no pasa en la ciudad eterna más de 3 o 4 horas hasta que partía hacia Perugia, mi ciudad de adopción.
Sin embargo, sí he tenido la oportunidad de visitar en 3 ocasiones la ciudad con más arte clásico del mundo y un consejo, si podéis y tenéis la ocasión, no dudéis en perderos entre sus calles. La última vez que estuve allí fue hace unos meses y puedo asegurar una vez más que estoy enamorada de ese sitio.
Collage de Roma
Sin lugar a dudas, Florencia, como ya dije en una ocasión, ha sido la ciudad más bonita que he visitado jamás. Creo que fue la que más me impactó sin duda y sigo manteniendo un recuerdo inmejorable de ella (incluso me da respeto volver por si ese dulce recuerdo se desvanece). Sin embargo, Roma no tiene nada que envidiarle, aunque poseen una belleza distinta y totalmente singular la una de la otra.
Es fantástico caminar por las calles romanas y sorprenderte de golpe con monumentos, lugares, edificios, parques o estatuas que no esperabas encontrar en ese lugar. En este último viaje pude pasar 5 maravillosos días junto a mi prima Nati. Mi prima ha vivido en Roma durante 2 años y eso hace que conozca cada rincón al dedillo.
Quizás la aventura ya comenzó antes de irme de viaje. Un martes cualquiera recibí un mensaje de Nati: "el sábado me voy a Roma, ¿te vienes? Solo necesitas comprar un billete de avión". No sabía ni qué decir y tras consultarlo en casa con mi familia, me sumergí en las páginas web de compañias aeres para hacerme con un vuelo económico. Ese viernes a última hora cogía un autobus camino a Madrid donde me juntaría con ella para coger el vuelo a primera hora del sábado. Las noches de aeropuerto suelen ser curiosas y esta pues fue una más de no dormir nada y desear llegar. Ella volaba en un vuelo y yo en otro, ella llegaba a un aeropuerto y yo a otro, por lo que nos costó un poco reencontrarnos, aunque lo hicimos sin demasiado problema.
Puerta de un huerto cerca de San Giovanni in Laterano
Aunque yo había visitado Roma en dos ocasiones anteriores, terminamos visitando los lugares más emblemáticos, de un modo tranquilo y pausado, sin prisas por tener que verlo todo y disfrutando del momento. Compartimos los días con un amigo de Nati, romano de pura cepa y gracioso un rato. Nos llevó a cenar a un sitio country... y diréis ¿country? ¡pero si estás en Roma! y oye..
. que puedo asegurar que comí pasta y pizza hasta rabiar (y me quedo corta) pero la hamburguesa tampoco estuvo tan mal y era divertido ver algo diferente a las pizzerias cada 2 esquinas.
Personalmente Roma esconde mil sitio donde perderse, y no hablo de lo que todo el mundo conoce... hablo de una etnoteca del Trastevere, hablo de Testaccio, hablo de un cappuccino en Via del Corso, hablo de un mercado en la Piazza Campo de' Fiori y hablo de una pizza bianca cerca de San Giovanni in Laterano.

Espero que tengáis la oportunidad de visitar Roma o mejor de visitar Italia en general y perderos por unas calles más que bonitas. ¡Nos vemos pronto! Lo prometo :)

Madrid: La capital de mi mundo

Tras varios meses de parón vuelvo a las andadas. Esta vez para hacer mención al último de mis pequeños viajes. Hace un par de semanas, viajaba a Madrid, otra vez, de nuevo a la "capi" y lo hacía por varios motivos y con grandes ilusiones en el bolsillo.

El primer y gran motivo que me llevaba a la "gran ciudad" era un trabajo de la universidad. Tenía la oportunidad de poder entrevistar a un periodista de TVE, antiguo corresponsal en París y un hombre con una conversación más que impresionante. Pero vayamos por partes.

Puerta del Sol (Madrid) con Luna y Belén
Cogí mi tren a las 13.00 horas camino a Puerta de Atocha, donde me esperaba con los brazos abiertos Belén, mi Belén, esa de ojos expresivos y (ahora) pelo rojo. Estaba quietita, justo delante de la puerta, y creo que la vi antes que ella a mí, porque estaba seria hasta que se abrieron las puertas y me regaló la mejor de sus sonrisas acompañada de un gran abrazo. Llevaba 5 meses sin verla y parecía que no había pasado el tiempo. Cogimos el metro y nos fuimos a Callao, allí habíamos quedado con Luna. Aunque a Belén tenía muchísimas ganas de verla, había tenido la suerte de haberla acogido en mi casa conquense a finales de Septiembre. Sin embargo, la última vez que vi a Luna fue saliendo por mi casa de Vía Lucida, en Perugia. 12 largos meses habían pasado hasta volver a estrechar entre mis brazos a mi "chicharrera" favorita y por fin, tras unos minutos en la plaza de Callao apareció.

En ese momento podría haber parado el mundo y haberme quedado ahí. ¡Qué feliz era! Risas y más rias, algún que otro cotilleo, comida china y un maldito cajero "Servired" demasiado alto para mí. Después de comer, fuimos a "Rodilla" dónde creo que me ha puesto el té rojo más grande y más ardiente que me han servido en mi vida. Y después, como de una turista más se tratase, me llevaron a Puerta del Sol (que solo les faltó hacernos una foto en el KM 0) y a la Plaza Mayor, (aunque no nos tomamos ningún "relaxing cup of café con leche". Pero se hacía la hora del trabajo, la hora de irme hacia Atocha, dónde había quedado con David Picazo.

Plaza Mayor (Madrid) con Belén y Luna
Dando un paseo y bastante nerviosa llegué a la estación de tren. Habíamos quedado en la escultura del viajero y ahí estaba, sentado leyendo un libro de tapas azules esperando a que yo llegase. Durante la hora y media que estuve con él no solo llevé a cabo mi trabajo si no que aprendí muchísimo, conversé de mil temas y me quedó un gran sabor de boca. Fue todo un placer haber podido realizar esa entrevista y había merecido la pena viajar a Madrid.

Una vez terminada la entrevista me fui a casa de un amigo scout para pasar la noche. Tras 12 paradas de metro conseguí llegar a mi destino sin demasiados problemas. Pero mi última aventura quedaba por llegar, debía encontrar en Chamartín al chico con el que había quedado para volver a mi casa en "Bla bla car". Bendita paciencia tuvo el muchacho conmigo, que tengo menos orientación que un pulpo en un garaje, pero finalmente lo conseguí y tras un viaje de algo más de 2 horas, llegué a casa después de 24 horas cargadas de emociones, risas, nervios y un sinfin de cosas más. Para que luego la gente diga, que no les gusta viajar :)

Albacete: La ciudad más bonita del mundo

Este blog está dedicado a los viajes que hago o he hecho a lo largo de mi vida. Albacete es a la ciudad a la que más veces he viajado. Puede parecer absurdo, puesto que es mi ciudad natal, pero cuando vives fuera, en otra ciudad que no es la tuya, rodeada de gente que no es la gente de toda la vida y teniendo una rutina alejada de la familia, te das cuenta de que volver a casa es el mejor regalo de todos.

Llevo cerca 3 años viviendo fuera de Albacete por motivos de estudio, Cuenca ha sido la que me ha adoptado durante todo este tiempo (bueno y Perugia, mi ciudad italiana durante 6 meses). Para muchos puede parecer que no es un gran cambio... pero, ¡vaya si lo es! No quiero decir con esto que Cuenca sea una ciudad mala, simplemente, que cómo en casa, en ningún sitio, (supongo que como cualquiera).

Albacete es una ciudad no demasiado grande, ronda los 200.000 habitantes y para mí, es la ciudad más bonita del mundo. Algunos dicen que no, porque no tiene casco histórico, otros dicen que no, porque no tiene grandes monumentos e incluso los hay que creen que Albacete sigue siendo un pueblo grande. Pero si realmente te atreves a descubrirla puedes llegar a encontrar rincones maravillosos. Digamos que Albacete tiene muchos de los servicios de una gran ciudad y muchas de las comodidades de una pequeña, por lo que se convierte en la mezcla perfecta para vivir.

Parque Lineal, Albacete (Irene Roncero)
Una de las cosas que más me gusta de mi ciudad son los parques que tiene. Considero que los albaceteños tenemos la suerte depoder disfrutar de un gran número de parques y jardines que, no solo llenan de vida las calles, sino que se convierten en un pulmón para la ciudad. Parques urbanos y parques peri urbanos, que consiguen hacer de Albacete un sitio lleno de zonas verdes donde poder  hacer deporte, ir a comer o simplemente tumbarse en el cesped a disfrutar del tiempo.

Pero no quiero que esto se convierta en hacer publicidad de mi ciudad, solo quiero acercaros al destino que más alegrías me regala cuando me monto en un tren de regreso. Es complicado marcharse de casa, dejar atrás a tu familia, tu casa, tus cosas, tus amigos... y embarcarte en un proyecto para forjar tu futuro fuera de tu ciudad. Ese lugar que te ha visto crecer, que te ha visto perderte entre sus calles cuando eras pequeño y que ahora te ve ir de un lado para otro de forma automática sin dudar del camino.

Otra de las cosas que más me gusta de Albacete, es su gente. Vayas donde vayas, estés donde estés, solo te hace falta encontrarte a alguien de tu ciudad para saber que no estás solo. Supongo que habrá de todo, como en la viña del señor, pero por lo general, la gente de Albacete todo el mundo la describe como cercana, sencilla y campechana (como el Rey). Gente de origen humilde y ganas de satisfacer al que llega de fuera. Imagino que eso sucederá en cada rincón del mundo, pero por suerte o por desgracia, yo solo lo he vivido aquí.

Feria de Albacete (Irene Roncero)
Pero, sin lugar a dudas, la cosa que más me puede gustar, que no hay comparación con nada más y que no conozco a nadie que lo haya vivido y no le guste es ¡"La Feria"! Mi feria, el momento más especial del año, el momento en que las horas pasan entre luces, risas, vinos y comida. ¡Ay! Si es que es incomparable. Declarada desde el año 2008 Feria de Interés Turístico Internacional, cuenta con 10 días (del 7 al 17 de Septiembre) de fiesta, de atracciones, de música, de bebida y de cualquier cosa que se pueda hacer en una feria. Sé que no soy objetiva, que obviamente hablamos de la feria de mi ciudad, pero cuando pese a trabajar en ella y a terminar con las rodillas hechas una lastima y necesitar una cura de sueño y descanso durante 3 días, vuelves a poner el contador hacia atrás para desear que llegue de nuevo, es inevitable decir que es la mejor.

Con esto, lo que realmente quiero, no es contaros mis viajes en tren desde Cuenca, en los que en tan poco tiempo apenas me da tiempo a vivir grandes aventuras (aunque se han dado casos en alguna ocasión), si no despertaros las ganas y la curiosidad de que si no habéis pisado mi tierra, tengáis ganas de hacerlo y que vengáis a disfrutar y Albacete del mismo modo que lo hago yo cada vez que regreso a casa, aunque sea, 3 días en la semana.


Egipto: Pisando mi tercer continente

¡Una vez más me vuelvo a subir al avión! Era el año 2006 y mis padres cumplían sus 25 años de casados, por lo que había que celebrarlo, pero esta vez, lo quisieron compartir con nosotros (mi hermano y yo). El destino: Egipto.

Fueron 8 días y para ello adelanto que haré dos entradas, una durante el tiempo que estuvimos de crucero por el Río Nilo y otra para nuestra estancia en la ciudad de El Cairo. De este modo podré entrar en más detalles y que no sea demasiado larga la entrada.

Viajamos un 18 de Septiembre, llegamos a Lúxor, dónde, tras dejar las maletas en el barco nos esperaban unas calesas (carros tirados por caballos) para dar un paseo por la ciudad. Yo compartí mi calesa con mi padre y acabamos denominando a nuestro cochero como el "Fernando Alonso" de Lúxor. Al principio iba muy despacio, incluso se quedó el último de toda la fila para poder comerse un pepino que le habían lanzado desde un puestecillo, pero de golpe, comenzó a acelerar por aquellas calles estrechas hasta acabar el primero de la caravana de calesas.... creo que mi padre y yo sufrimos por nuestra integridad física en varias ocasiones.

Entrada al Templo de Abu Simbel (Irene Roncero)
Habían sido muchas las indicaciones que nos habían dado antes de viajar, no beber agua del grifo porque podíamos coger el tifus, no exponernos mucho al sol porque podíamos quemarnos en exceso, no separarnos del grupo por ser turistas, no dar propinas porque ya estaban incluidas en las excursiones... yo no sé el resto, pero entre unas cosas y otras, ¡iba muerta de miedo! Luego no resultó ser tan feroz el león como lo pintan... incluso ¡terminé bebiendo agua del grifo!

Fueron muchos los lugares y templos que visitamos, aunque sin duda no todos me impactaron por igual. El primero que me marcó fue el Templo de la Reina Hatshepshut. Nos acercaron en trenecito y parecía minúsculo al verlo pero según nos ibamos acercando, se iba convirtiendo en templo majestuoso. Incrustado en una montaña en mitad del desierto... era maravilloso. Nuestra siguiente parada fue El Valle de los Reyes, no os podéis imaginar ¡el calor qué pasamos! Había cerca de 40º a la sombra a tan solo las 10 de la mañana y eso era agotador. Pasamos a varias tumbas, donde el calor se incrementaba e incluso, a la salida de las tumbas, los 40º se agradecían. En el Valle de los Reyes se encuentran muchas de las tumbas de antiguos faraones y reyes egipcios, como por ejemplo la Tumba de Tutakamon aunque no se podía acceder a ella.

Visitamos la ciudad de Lúxor, y sus respectivos templos, Lúxor y Karnak, parte de ellos reconstruidos (en algunos casos con piedras mal colocadas) pero que en ningún momento habían perdido la imponencia y belleza de cuando fueron construidos. La mayoría mantienen sus frescos en muy buen estado y cuidan los detalles al máximo. Columnas monumentales, paredes de piedra inmensas, obeliscos, relieves, esculturas, jeroglíficos y un montón de cosas más que te hacían mirar hacia todos los rincones.

Paseo en dromedario a la orilla del Nilo (Egipto) Irene Roncero
Uno de los días fuimos de visita al Pueblo Nubio, nos montaron en una lancha y nos llevaron río abajo en dirección al desierto. Recuerdo que se nos engancharon (literalmente) a la lancha dos niños, que iban montados en una especie de tabla y que nos cantaban David Bisbal para que les diesemos dinero, era gracioso pero a la vez hacía que el corazón se te encogiéra un poquito. Los nubios es un pueblo que vive a la orilla del río y no están demasiado implicados con los egipcios, tienen una forma de vida mucho más agrícola. Pudimos darnos un baño en el Nilo, era increible ¡bañarme en el Nilo!, eso sí, el agua estaba congelada en comparación con el calor que hacía. Allí nos esperaban con dromedarios, que dando un paseo, nos llevarían al centro del pueblo, dónde, en una escuela, nos enseñarían los números y el alfabeto. Recuerdo ese dromedario, enorme y lento... muy lento... terminé quedándome la última, en mitad del desierto, con la única companía del bicho y del chico que lo llevaba cogido. Al final terminó dándome las riendas del animal y golpeándolo en el trasero para que echase a correr.... ¡Menudo mareo! Llegué en un minuto a donde estaba el resto de la excursión, así que se puede decir, que el dromedario no era tan lento...

Otro de los lugares que me impresionó muchísimo fue el Templo de Abu Simbel, fácilmente reconocible por sus 4 estatuas gigantescas a la entrada, creando la ilusión óptica de que la puerta es una menudencia... cosa que no es así, es francamente grande. He de reconocer que, por aquel entonces, pese a desayunar en el barco... la temperatura era muy alta y mi tensión bastante baja, lo que me ocasionaba ir arrastrada por la mitad de los templos... un poco desastroso. Aún así, eso no m impidió disfrutar de aquellos paisajes y lugares que dejan con la boca abierta a cualquiera que los vea.

Son muchas las cosas que me dejo en el tintero, pero no quiero alargarme demasiado, prefiero hacer diferentes entradas y de algún modo, dejaros con la miel en los labios y con ganas de saber más... solo os puedo decir una cosa, Egipto es un lugar inigualable... Nos vemos en la próxima aventura :)

Siena: Un dulce paseo por la Toscana

Cómo creo que ya he mencionado en alguna entrada, estuve unos meses viviendo en Italia (aunue eso es una aventura demasiado larga para contarla en un post) y por supuesto, este blog no está dirigido a esa experiencia. Sin embargo, eso no quita que haya conocido lugares que nunca antes había visitado.

Todo el mundo habla de la Toscana como ese lugar idílico de Italia, de grandes campos verdes y amarillos y con pequeños rincones que albergan una magia especial. Parte de esos rincones, quisimos descubrirlos unos amigos y yo. Lo planeamos con cierta antelación, serían solamente 2 días (había que economizar los gastos y no podíamos estar varias noches fuera de casa). Eramos 4, Luna, mi niña canaria, con la que compartía piso, Laura, mi compañera de viajes y aventuras, de Segovia y Borja, un amigo de Luna que había venido de visita.


Siena, Italia (Luna Cabeza)

Desde el principio todo comenzó con ilusión. Borja y Luna se aventuraron a viajar en Bla bla car, Laura y yo, más cautelosas, preferimos coger el bus (y menuda odisea para coger el correcto). Nuestro destino era Siena. Allí, habíamos reservado un hostal donde pasar la noche, que era donde nos esperabana Luna y Borja, ya que ellos habían salido hacia allá unas horas antes que nosotras. Cuando por fin llegamos, era el momento de buscar el hostal... bendito internet en el móvil! Pusimos el GPS y sin darnos casi ni cuenta habíamos llegado al sitio. En cuanto llegamos nos planificamos para pensar donde ir. Primer destino, la Plaza. No había demasiada gente y era espectacular. Una plaza levemente inclinada hacia abajo, con palomas y restaurantes alrededor. Comimos, una pizza francamente buena y baratita (como todas las de por allí). Lo mejor de todo fue, sentarnos en esa plaza, después de comer y zamparnos un helado riquísimo, era Noviembre, pero nos daba igual, la ocasión lo merecía... ¡el mío era
de melón!

Dimos un paseo enorme, un parque, un montón de cuestas y unas vistas fantásticas. Mas tarde fuimos a la Catedral, me recordó mucho a la catedral de Florencia.. quizás por ser propias de la zona de la Toscana. De mármol blanco y verde a rayas. Era, es y será, una Catedral maravillosa. Pagamos nuestras entradas, por supuesto, y nos adentramos. Dibujos en el suelo, un altar bonito y para mi asombro, una tienda de souvenirs ¡y unos baños! Estuvimos largo tiempo allí, jaja, ¡nos vimos toda la tienda!, había de todo, cartas, rosarios, cruces, collares, figuras, libretas, libros, decoración... era alucinante.

Cuando comenzó a anochecer, optamos por tomar unas cervezas y buscar un supermercado donde comprar cuatro cosas que nos permitieran cenar y desayunar al día siguiente. Nuestro hostalito estaba francamente bien, era sencillo, limpio y teníamos una habitación grande, con nuestro baño y muy espaciosa, (si alguien tiene curiosidad puedo decirle cómo se llama). Cuando nos despertamos, nos esperaba un nuevo destino; se le denominaba "El pueblo más bonito de la Toscana" y ¡vaya si lo era!, San Gimignano, un pueblecito cercano a Siena, con 4 torres de castillo que lo identificaban desde la distancia. El pueblecito no tenía prácticamente nada, dos calles (y es casi literal), una de ellas, la principal llena de tiendas de souvenir, un estanco y dos restaurantes. Después, una plazoleta y poco más. Dimos un paseo por fuera de la mura, estaba acondicionado para rodear la muralla por un caminito y disfrutar de los campos verde y llanos que la Toscana nos regalaba. Después de comer, un plato de pasta riquísimo (yo pedí tortellini) nos dispusimos  a volver.

San Gimignano, Italia (Luna Cabeza)
Teníamos que hacer parada en un segundo pueblo donde hacer trasbordo hacia el tren. El pueblo se llama Pollibonsi (ja! todavía no puedo evitar reirme solo de mencionarlo) Al igual que San Gimignano es el pueblo más bonito de la Toscana, éste es el más feo... pero ¡feo, feo! Había un pequeño mercadillo, estuvimos paseando por allí, haciendo tiempo para coger nuestro tren. El viaje de vuelta, fue un poco aburrido, principalmente porque tuvimos que cambiar el tren en la estación de FLorencia y en el segundo tren estaba tan lleno que tuvimos que sentarnos separados, aunque eso no era impedimento para escuchar a Luna reir a carcajada limpia desde la otra punta del vagón. 

Había sido un viaje intenso, divertido, lleno de momentos fabulosos y con una compañía maravillosa. Laura ya está de nuevo en Segovia, en su casa, con los suyos, al igual que yo. Borja regresó también días después a España (solo había sido una visita) y Luna... bueno Lunita sigue en Italia, hasta terminar el curso... la echo de menos y ella lo sabe :)

Varios son los lugares que visité en Italia, pero todavía quedan muchos otros por recordar :)
abcs