Lugo: Un reencuentro más que deseado

Qué abandonado tengo esto! Debería viajar más para tener muchas cosas que contar. Pero he tenido viajes!!! aunque no mucho tiempo para contaroslo... Pero ahí va🌝

Este verano tuve el lujo, (y sí, digo lujo porque no os imagináis lo maravilloso que fue) de viajar a Lugo. Más concretamente a Foz, un pueblecito en la costa con unas playas encantadoras con mareas que crecían y desaparecían dependiendo de la hora del día.

El viaje comenzó subiéndome a un tren a las 9 de la mañana con destino Madrid. Allí tendría 2 horas de descanso que pude compartir con mi querida Belén, quién siempre me espera con una sonrisa y un gran abrazo (gracias por tanto querida). A las 13,00h me despedía de Belén y de Chamartín rumbo a Lugo. Por delante, 5 horas de tren intensas y cansadas pero que no podía tener mejor acompañante. Solo 30 minutos después de salir de la capital, se subía en ese mismo tren y justo a mi lado, Ana. Mi Ana, Ana  Segovia para mis amigos aunque para mí es mi pequeña princesa.

Día de playa
Juntas encaminamos las varias horas de viaje entre risas, anécdotas y alguna que otra cabezadita de sueño. A nuestra llegada a Lugo, esperabamos con ganas a Diego. Desde que abandoné Perugia en Febrero de 2014 no había vuelto a verlo. Estaba más delgado pero era él. El que nunca calla, el que todo lo controla, el que con un abrazo cura todos los males del mundo y el que teniendo ventitantos años (es un secreto) tiene costumbres similares a las de mi abuela (jaja!).

Los tres juntos marchamos camino de Foz, en un coche por el que sufrí levemente por mi integridad física. En ese dia por delante, mucho que contar y mucho mucho que recordar. Al día siguiente, playa, sol y cerveza fría... ah! que maravilloso era ese momento, ese dulce momento en el que descubres que pese a los meses e  incluso algún año que ha pasado, nada ha cambiado.

Javi, Ana, una servidora y Diego
El día 30 cogimos de nuevo el coche con destino Ribadeo, a la Playa de las Catedrales, donde pudimos disfrutar de un día lleno de sol y unas vistas espectaculares, aunque sabíamos que lo mejor estaba por llegar. Tras un día de playa, relax, algún baño algo fresquito y muchas risas, poníamos rumbo a recoger al cuarto personaje que faltaba por llegar. Javi, que venía desde Italia de pasar unos dias y con retraso en su vuelo, por fin se reunía con nosotros. El pequeño del grupo, al que llevaba año y medio sin ver.

Creo que esa noche, no pude ser más feliz. Tenía a mis amigos ahí, conmigo, y todo era como siempre, solo risas, bromas y una sonrisa de oreja a oreja, saboreando cada minuto. Días de playas y por la noche una rica mariscada gallega y unas copas en la mejor compañia. Resultado? Meternos en la cama cuando salía el sol pero habia merecido la pena.

Cuando llegó el momento de volver, Ana y yo nos metíamos de nuevo en ese tren que nos alejaba de Lugo, de la playa, del marisco y sobre todo de ellos. De esos que nos habían vuelto a robar el corazón durante 5 días. Y cuando Ana me abandonó en Segovia, fue cuando me realmente me di cuenta que todo había terminado... Solo quedaba volver a contrar los días para verlos de nuevo.. y por suerte a mí princesa.... mañana la vuelvo a abrazar!!

Disculpad que me haya recreado tanto en este post pero ha sido casi tan fantástico recordarlo como vivirlo... Espero poder contaros más cositas pronto! Gracias por leerme :)
Pese a la sonrisa, las ganas de despedirme no existían



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