Egipto: Pisando mi tercer continente

¡Una vez más me vuelvo a subir al avión! Era el año 2006 y mis padres cumplían sus 25 años de casados, por lo que había que celebrarlo, pero esta vez, lo quisieron compartir con nosotros (mi hermano y yo). El destino: Egipto.

Fueron 8 días y para ello adelanto que haré dos entradas, una durante el tiempo que estuvimos de crucero por el Río Nilo y otra para nuestra estancia en la ciudad de El Cairo. De este modo podré entrar en más detalles y que no sea demasiado larga la entrada.

Viajamos un 18 de Septiembre, llegamos a Lúxor, dónde, tras dejar las maletas en el barco nos esperaban unas calesas (carros tirados por caballos) para dar un paseo por la ciudad. Yo compartí mi calesa con mi padre y acabamos denominando a nuestro cochero como el "Fernando Alonso" de Lúxor. Al principio iba muy despacio, incluso se quedó el último de toda la fila para poder comerse un pepino que le habían lanzado desde un puestecillo, pero de golpe, comenzó a acelerar por aquellas calles estrechas hasta acabar el primero de la caravana de calesas.... creo que mi padre y yo sufrimos por nuestra integridad física en varias ocasiones.

Entrada al Templo de Abu Simbel (Irene Roncero)
Habían sido muchas las indicaciones que nos habían dado antes de viajar, no beber agua del grifo porque podíamos coger el tifus, no exponernos mucho al sol porque podíamos quemarnos en exceso, no separarnos del grupo por ser turistas, no dar propinas porque ya estaban incluidas en las excursiones... yo no sé el resto, pero entre unas cosas y otras, ¡iba muerta de miedo! Luego no resultó ser tan feroz el león como lo pintan... incluso ¡terminé bebiendo agua del grifo!

Fueron muchos los lugares y templos que visitamos, aunque sin duda no todos me impactaron por igual. El primero que me marcó fue el Templo de la Reina Hatshepshut. Nos acercaron en trenecito y parecía minúsculo al verlo pero según nos ibamos acercando, se iba convirtiendo en templo majestuoso. Incrustado en una montaña en mitad del desierto... era maravilloso. Nuestra siguiente parada fue El Valle de los Reyes, no os podéis imaginar ¡el calor qué pasamos! Había cerca de 40º a la sombra a tan solo las 10 de la mañana y eso era agotador. Pasamos a varias tumbas, donde el calor se incrementaba e incluso, a la salida de las tumbas, los 40º se agradecían. En el Valle de los Reyes se encuentran muchas de las tumbas de antiguos faraones y reyes egipcios, como por ejemplo la Tumba de Tutakamon aunque no se podía acceder a ella.

Visitamos la ciudad de Lúxor, y sus respectivos templos, Lúxor y Karnak, parte de ellos reconstruidos (en algunos casos con piedras mal colocadas) pero que en ningún momento habían perdido la imponencia y belleza de cuando fueron construidos. La mayoría mantienen sus frescos en muy buen estado y cuidan los detalles al máximo. Columnas monumentales, paredes de piedra inmensas, obeliscos, relieves, esculturas, jeroglíficos y un montón de cosas más que te hacían mirar hacia todos los rincones.

Paseo en dromedario a la orilla del Nilo (Egipto) Irene Roncero
Uno de los días fuimos de visita al Pueblo Nubio, nos montaron en una lancha y nos llevaron río abajo en dirección al desierto. Recuerdo que se nos engancharon (literalmente) a la lancha dos niños, que iban montados en una especie de tabla y que nos cantaban David Bisbal para que les diesemos dinero, era gracioso pero a la vez hacía que el corazón se te encogiéra un poquito. Los nubios es un pueblo que vive a la orilla del río y no están demasiado implicados con los egipcios, tienen una forma de vida mucho más agrícola. Pudimos darnos un baño en el Nilo, era increible ¡bañarme en el Nilo!, eso sí, el agua estaba congelada en comparación con el calor que hacía. Allí nos esperaban con dromedarios, que dando un paseo, nos llevarían al centro del pueblo, dónde, en una escuela, nos enseñarían los números y el alfabeto. Recuerdo ese dromedario, enorme y lento... muy lento... terminé quedándome la última, en mitad del desierto, con la única companía del bicho y del chico que lo llevaba cogido. Al final terminó dándome las riendas del animal y golpeándolo en el trasero para que echase a correr.... ¡Menudo mareo! Llegué en un minuto a donde estaba el resto de la excursión, así que se puede decir, que el dromedario no era tan lento...

Otro de los lugares que me impresionó muchísimo fue el Templo de Abu Simbel, fácilmente reconocible por sus 4 estatuas gigantescas a la entrada, creando la ilusión óptica de que la puerta es una menudencia... cosa que no es así, es francamente grande. He de reconocer que, por aquel entonces, pese a desayunar en el barco... la temperatura era muy alta y mi tensión bastante baja, lo que me ocasionaba ir arrastrada por la mitad de los templos... un poco desastroso. Aún así, eso no m impidió disfrutar de aquellos paisajes y lugares que dejan con la boca abierta a cualquiera que los vea.

Son muchas las cosas que me dejo en el tintero, pero no quiero alargarme demasiado, prefiero hacer diferentes entradas y de algún modo, dejaros con la miel en los labios y con ganas de saber más... solo os puedo decir una cosa, Egipto es un lugar inigualable... Nos vemos en la próxima aventura :)

Siena: Un dulce paseo por la Toscana

Cómo creo que ya he mencionado en alguna entrada, estuve unos meses viviendo en Italia (aunue eso es una aventura demasiado larga para contarla en un post) y por supuesto, este blog no está dirigido a esa experiencia. Sin embargo, eso no quita que haya conocido lugares que nunca antes había visitado.

Todo el mundo habla de la Toscana como ese lugar idílico de Italia, de grandes campos verdes y amarillos y con pequeños rincones que albergan una magia especial. Parte de esos rincones, quisimos descubrirlos unos amigos y yo. Lo planeamos con cierta antelación, serían solamente 2 días (había que economizar los gastos y no podíamos estar varias noches fuera de casa). Eramos 4, Luna, mi niña canaria, con la que compartía piso, Laura, mi compañera de viajes y aventuras, de Segovia y Borja, un amigo de Luna que había venido de visita.


Siena, Italia (Luna Cabeza)

Desde el principio todo comenzó con ilusión. Borja y Luna se aventuraron a viajar en Bla bla car, Laura y yo, más cautelosas, preferimos coger el bus (y menuda odisea para coger el correcto). Nuestro destino era Siena. Allí, habíamos reservado un hostal donde pasar la noche, que era donde nos esperabana Luna y Borja, ya que ellos habían salido hacia allá unas horas antes que nosotras. Cuando por fin llegamos, era el momento de buscar el hostal... bendito internet en el móvil! Pusimos el GPS y sin darnos casi ni cuenta habíamos llegado al sitio. En cuanto llegamos nos planificamos para pensar donde ir. Primer destino, la Plaza. No había demasiada gente y era espectacular. Una plaza levemente inclinada hacia abajo, con palomas y restaurantes alrededor. Comimos, una pizza francamente buena y baratita (como todas las de por allí). Lo mejor de todo fue, sentarnos en esa plaza, después de comer y zamparnos un helado riquísimo, era Noviembre, pero nos daba igual, la ocasión lo merecía... ¡el mío era
de melón!

Dimos un paseo enorme, un parque, un montón de cuestas y unas vistas fantásticas. Mas tarde fuimos a la Catedral, me recordó mucho a la catedral de Florencia.. quizás por ser propias de la zona de la Toscana. De mármol blanco y verde a rayas. Era, es y será, una Catedral maravillosa. Pagamos nuestras entradas, por supuesto, y nos adentramos. Dibujos en el suelo, un altar bonito y para mi asombro, una tienda de souvenirs ¡y unos baños! Estuvimos largo tiempo allí, jaja, ¡nos vimos toda la tienda!, había de todo, cartas, rosarios, cruces, collares, figuras, libretas, libros, decoración... era alucinante.

Cuando comenzó a anochecer, optamos por tomar unas cervezas y buscar un supermercado donde comprar cuatro cosas que nos permitieran cenar y desayunar al día siguiente. Nuestro hostalito estaba francamente bien, era sencillo, limpio y teníamos una habitación grande, con nuestro baño y muy espaciosa, (si alguien tiene curiosidad puedo decirle cómo se llama). Cuando nos despertamos, nos esperaba un nuevo destino; se le denominaba "El pueblo más bonito de la Toscana" y ¡vaya si lo era!, San Gimignano, un pueblecito cercano a Siena, con 4 torres de castillo que lo identificaban desde la distancia. El pueblecito no tenía prácticamente nada, dos calles (y es casi literal), una de ellas, la principal llena de tiendas de souvenir, un estanco y dos restaurantes. Después, una plazoleta y poco más. Dimos un paseo por fuera de la mura, estaba acondicionado para rodear la muralla por un caminito y disfrutar de los campos verde y llanos que la Toscana nos regalaba. Después de comer, un plato de pasta riquísimo (yo pedí tortellini) nos dispusimos  a volver.

San Gimignano, Italia (Luna Cabeza)
Teníamos que hacer parada en un segundo pueblo donde hacer trasbordo hacia el tren. El pueblo se llama Pollibonsi (ja! todavía no puedo evitar reirme solo de mencionarlo) Al igual que San Gimignano es el pueblo más bonito de la Toscana, éste es el más feo... pero ¡feo, feo! Había un pequeño mercadillo, estuvimos paseando por allí, haciendo tiempo para coger nuestro tren. El viaje de vuelta, fue un poco aburrido, principalmente porque tuvimos que cambiar el tren en la estación de FLorencia y en el segundo tren estaba tan lleno que tuvimos que sentarnos separados, aunque eso no era impedimento para escuchar a Luna reir a carcajada limpia desde la otra punta del vagón. 

Había sido un viaje intenso, divertido, lleno de momentos fabulosos y con una compañía maravillosa. Laura ya está de nuevo en Segovia, en su casa, con los suyos, al igual que yo. Borja regresó también días después a España (solo había sido una visita) y Luna... bueno Lunita sigue en Italia, hasta terminar el curso... la echo de menos y ella lo sabe :)

Varios son los lugares que visité en Italia, pero todavía quedan muchos otros por recordar :)

Barcelona: Las vacaciones deseadas

Para muchos, Barcelona es un sitio mágico, para otros, es un lugar grande y cosmopolita... para mí era el sitio deseado. En esta ocasión era la tercera vez que visitaba la Ciudad Condal, pero quizás de un modo diferente...

La primera vez, tenía sobre los 6 años y pese a haber visto fotos, no tengo demasiados recuerdos de ello. La segunda vez, tenía 14 años, era mi viaje de fin de curso del colegio y pasamos unos días en Salou, aunque hicimos un viaje a Barcelona. Visitamos los puntos más importantes de la ciudad pero de un modo muy fugaz.
Fuente luminosa de Montjuic (Irene Roncero)

La tercera vez, tenía 25 y fueron mis vacaciones más ansiadas. Volvía a España (estaba de Erasmus) para mis vacaciones de Navidad y primero, pasaría unos días en Barcelona con mi novio. Él es de allí, de un pueblo cercano y todavía no había ido a visitarlo, así que aprovechando el vuelo, pasé unos días navideños en la capital catalana.

Durante 5 días, estuve recorriendo los rincones de Barcelona en la mejor de las compañías por supuesto. Centros comerciales a rebosar de luces de colores, gente por las calles ultimando sus compras navideñas, y cientos de callejuelas por recorrer. El primer día lo pasamos por los alrededores , la playa, tiendas, y pese a la lluvia que ese día había aparecido, paseamos por los parques cercanos a nuestro hotel.

El segundo día fuimos al Puerto, bares y mucho ambiente para un viernes por la mañana. Un bar típico, pequeñito y escondido nos recibía con una copita de cava. Colón y las Ramblas se presentaban iluminados por el sol (que sí había salido). El café, tuvo lugar en una de las cafeterías más bonitas de Barcelona, la cafetería del Museo de Cera, también llamada "El bosc de les fades" (El bosque de las hadas), un lugar mágico y lleno de detalles fantásticos. Un mercadillo navideño, la Catedral, la Plaza Cataluña, las calles del Barrio Gótico, terrazas, luces y muchísima gente.

Sagrada Familia (Irene Roncero)
Mi tercer día fue tranquilo, viaje en tranvía, un mercado lleno de gente, y Montjuic. ¡Cómo me gustó ese lugar! Un paseo inmensamente largo, lleno de fuentes a ambos lados y al fondo, en lo alto el Palacio. Justo delante de este, una fuentes maravillosa, con un espectáculo de luces y música que duraba una media hora. Era francamente bonito. Y por supuesto las vistas eran fabulosas.

La corona de mi viaje, fue la Sagrada Familia. Espectacular, maravillosa y monumental. Todavía en obras (y creo que estará así de por vida) pero sin perder ni un ápice su esencia.


Puede parecer un viaje sencillo, simple, sin nada particular, pero a veces, los mejores momentos son los más normales, lo que menos esperas y en la mejor compañía. Fueron, sin dudas, las vacaciones deseadas :)
abcs